Gastronomía

Ametlles i llorer

Guisos fieles, sin adjetivos, procedentes de unos fogones cálidos, lejanos: conejo, caracoles, salsas, setas y, aún más, níscalos de la sierra de Montsant, extracto concentrado de la potencia de la tierra; "truites en suc" (tortillas en salsa), bacalao y restos antiguos de atún salado. Los "romescos" (salsa a base de frutos secos y un toque de vinagre y aceite), marca de una cocina. Sopas, caldos y cocidos, área de confluencia de la mejor despensa. Y siempre, la presencia del vino, intenso, manchando la comida con su punto agradablemente áspero.

Los dulces, símbolo indiscutible de hospitalidad y bienvenida, delicia de la cual podemos presumir con orgullo los habitantes del sur, legado de otros pueblos, desde los romanos hasta los árabes: "orelletes" (pasta de sartén), las tortas o los "trossets" (masa de torta espolvoreada con azúcar), el perfume de anís en grano y coriandro, heredado de generación en generación. Los "cócs ràpids" (bizcocho rápido), el membrillo, el pan de higos que nos reencuentra con la totalidad mediterránea. La almendra que configura todo un tratado de pastelería: "panellets" (pastelillos de pasta de almendra), barretets" (merengue con frutos secos), garrapiñadas. Y para el final, el descanso de los vinos rancios, viejos, generosos, resúmen de un mundo pequeño y espléndido.

Prólogo de Mariona Cuadrada, extraido del libro Priorat a taula de Minerva Pi Arbonès